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ROSTROS
DE NICARAGUA
Siembran,
navegan en pipantes,
cazan y crían ovejas peligüey
Mujeres
del Río Coco
Yadira
Gómez / Especial para Confidencial
Río Coco, Atlántico Norte.— Es desinhibida, elocuente y extrovertida.
Sus vivos ojos negros hacen juego con su piel morena oscura, que oculta
los daños ocasionados por los rayos del sol cada vez que baja al río a
lavar. Su contextura física no denuncia su edad, aparenta ser una mujer
adulta con la madurez adquirida, quizás, por los golpes de la vida. Así
es Medrina Salgado, quien a sus 21 años es la presidenta de las mujeres
organizadas en la comunidad de Wiwinack, ubicada en el Atlántico Norte,
en el sector de Río Coco.
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Fue seleccionada
para ocupar este cargo, porque de todas las mujeres era la de mayor nivel
académico: alcanzó el sexto grado de primaria. Además, por tener iniciativa
y capacidad para organizar trabajos comunitarios. Al igual que la mayoría
de las mujeres de esta comunidad fue abandonada poco antes del nacimiento
de su hijo, por el hombre que la embarazó. Ahora vive sola con su niño
de ocho meses. No obstante, esto no fue obstáculo para que trabajara y
sacara a su pequeño adelante.
Fue así como se integró al grupo de mujeres que ingresaron al curso de
“corte y confección” impartido y apoyado por Acción Médica Cristiana,
organismo no gubernamental que trabaja en la zona.
Ahora Medrina es considerada una de las principales líderes entre las
mujeres, quienes cuentan en la actualidad con una pequeña venta de granos
básicos y productos para el hogar. El grupo la administra y la atiende.
Pero eso no es todo: en sus planes futuros está la compra de una casa
con el fin de instalar su taller de costura y de esta manera ofertar su
trabajo.
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| Medrina
Salgado |
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Medrina
es la encargada de 57 mujeres organizadas en esta comunidad, que además
de recibir el taller de costura, se dedican a la crianza de gallinas y
ovejas peligüey.
“A raíz de la situación en las que nos encontramos, teníamos la necesidad,
como mujeres solas, viudas y madres abandonadas, de organizarnos. Nosotras
pretendemos llegar a lograr un sistema auto sostenible para poder criar
a nuestros hijos” relata.
En esta parte del campo nicaragüense, la situación de la mujer es deprimente.
La mayoría de las mujeres mískitas, por no decir todas, desconocen sus
derechos. Para muchas de ellas sólo existe el compromiso de servir al
hombre, parir y criar a los hijos cuando quedan abandonadas.
“Nuestra realidad es dolorosa, aquí es común ver mujeres abandonadas por
sus compañeros, otros las golpean y la mayor parte de ellos las embarazan,
las dejan y después que paren ay las andan buscando de nuevo”, expresa
apenada.
La rutina del campo es más pesada que la urbana. Aquí las mujeres se levantan
y navegan por el río en su pipante hasta llegar a territorio hondureño
para sembrar lo poco que tienen; luego buscan algo para cazar (si es mujer
sola). Después bajan al río a lavar y finalmente regresan a su hogar.
Aquellas que tienen compañero esperan que él regrese para unir esfuerzos
y alimentar a la familia.
Progresar:
un anhelo generalizado
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| Ana
Collins |
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Ana Collins
es una mestiza de 33 años habitante de la comunidad de San Jerónimo, en
Río Coco Arriba. Es la mejor alumna del grupo de mujeres que reciben el
taller de corte y confección. Para ella aprender un oficio es una manera
de empezar a independizarse, pues antes de este curso las mujeres no tenían
otra opción de trabajo más que el quehacer doméstico y la faena en el
campo.
“Para mí es una oportunidad la que se nos está dando de iniciar nuestro
propio negocio y demostrar que tenemos capacidad para trabajar en lo que
se nos venga. La verdad es que aquí a nosotras, las mujeres, nos ven como
empleadas, y como muchas de nosotras no teníamos ningún oficio ni educación,
nos resignábamos”, señala Collins.
De igual manera piensa Merly Creek, de 20 años y embarazada de su segundo
hijo. También forma parte del grupo de costura en Wiwinack, y para ella
sólo el hecho de aprender algo, le da un valor dentro de la comunidad.
Valor que ha sido relegado a través de la historia.
Otro aspecto positivo para las mujeres de Río Coco ha sido llevar a cabo
programas de desarrollo autosostenible. Por ejemplo, la crianza de aves
y ovejas no sólo se utilizan para autoconsumo: también pueden vender los
huevos y pollitos ya crecidos en la misma comunidad.
“Se trata de darnos un lugar dentro de la comunidad, hacernos sentir para
que nos tomen en cuenta”, indica Creek. Tener presencia y dominio en sus
propias decisiones son dos deseos que se han generalizado entre las mujeres
de Río Coco, deseos que podrán hacerse realidad si continúan trabajando.
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