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Columnista
Invitado
Cuandola
informática falla... cualquier cosa
es posible
Cornelius
Hopmann*
A raíz de la eliminación de varios partidos políticos —PLN, MUC, MRS,
MSL— por el Consejo Supremo Electoral, los perjudicados han alegado que
se ha puesto en marcha un mecanismo de fraude electoral por la vía electrónica
en el CSE.
Hasta ahora los reclamantes sostienen que el Consejo no les ha brindado
las evidencias de las firmas repetidas o invalidadas que les atribuyen,
pero no han ofrecido pruebas irrefutables del “fraude electrónico”.
Sin la intención de meterme al contexto político de lo ocurrido y sin
tener a mano una descripción detallada del sistema informático usado —que
al parecer no les fue facilitado tampoco a los partidos— pienso que desde
mi responsabilidad técnica para el montaje del Sistema Electoral 1989/90
hasta el día de hoy en múltiples consultorías —entre ellas al propio CSE—
he acumulado bastante experiencia en los problemas informáticos intrínsecos,
que se presentan en el procesamiento de identificaciones y firmas en un
país como Nicaragua; experiencia suficiente, pienso, para señalar la posibilidad
de fallas técnicas en el sistema del CSE, las que —bajo el procedimiento
aplicado— abrieran espacio para decisiones arbitrarias.
Errores
comunes en la captación de datos
Primero, la calidad de trabajo en la captación de datos en Nicaragua sigue
siendo bastante baja. Por lo general, se presentan hasta un 8% de errores
en la digitación. Por razones obvias, usando listas parcialmente llenadas
a mano y no a máquina, el margen puede subir hasta el 20% y más. Por tanto,
se tienen que tomar precauciones especiales como doble grabación u otras
para reducir el margen de error.
Segundo, en Nicaragua no hay ortografía oficial de nombres y apellidos
—como por ejemplo en Francia—. Esto establece una segunda fuente de errores,
porque la persona misma como el digitador suelen poner —casi de forma
inconsciente— la versión que ellos consideran ortográficamente correcta.
Por medio de investigaciones en el padrón electoral de 89/90 se descubrió
que tales errores pueden acumular un 23% adicional al margen de error.
De nuevo hay que tomar precauciones especiales para “identificar” a una
persona aun con esta clase de errores, usando algoritmos especiales y
complicados, hechos especialmente para el caso de Nicaragua. El CSE gastó
más de 150 mil dólares para desarrollarlos en el caso del Registro Civil,
pero no se sabe si el CSE los usó o no en el proceso de verificación.
Si no se toman las medidas preventivas para corregir los problemas referidos,
automáticamente una gran cantidad de firmas van a ser rechazadas como
inválidas sin serlo, perjudicando por el procedimiento elegido al partido
que las hubiese presentado.
Ahora bien, desde el punto de vista técnico/práctico se puede implementar
un override, es decir, a pesar de que el programa de primas a primeras
rechazó los datos como incongruentes, por medio de una tecla especial
se los valida. Esta es una solución simple que se aplica en muchas empresas
privadas para ahorrar el gran costo de los algoritmos especiales, pero,
obviamente, abre la puerta para cualquier arbitrariedad.
Supongamos, por el momento, que los datos —es decir nombres y apellidos—
hayan llegado correctamente a la máquina, entonces se presenta un nuevo
problema, puesto que —según nuestras estadísticas con base en el padrón
electoral de 89/90— de cada 100 nicaragüenses, hasta 18 comparten sus
nombres y apellidos con otra persona diferente, o sea, que sólo nombres
y apellidos en Nicaragua son insuficientes para identificar a una persona,
o al revés. Si se comparan sólo los nombres y apellidos de una lista de
firmantes con esta misma lista o la de otro partido, es muy probable que
automáticamente el 18% salga como repetidos sin serlo.
Para prevenir esto, en procesos como el de la verificación se tiene que
grabar no sólo nombres, apellidos y número de cédula, sino, además, dotar
a cada folio original con un número único, y grabar adicionalmente por
cada línea del folio este número único así como su número de línea.
Si los datos se captan de esta forma es cuestión de minutos reproducir
listados de firmas inválidas o duplicadas con su referencia exacta. Si
no se hizo de esa manera, no hay forma de hacerlo después y de saberlo
con exactitud.
Más aún, sin captar partido/folio/línea, puede suceder que ante la alta
presión del proceso, sin darse cuenta, se capte la misma hoja varias veces.
Evitar la doble grabación fue un problema mayúsculo ya en 1989, y después
Informática del CSE tuvo que implementar un régimen muy estricto para
evitarlo en todo el proceso de cedulación.
El problema radica en miles y miles de hojas sueltas que hay que controlar
manualmente fuera de la computadora. Mantener tal disciplina estricta
en la presencia de decenas de fiscales alterados parece muy, pero muy
difícil.
Una
auditoría externa a tiempo
Pero los problemas todavía no han terminado. En la etapa final se intentaba
comparar las firmas de cédulas —grabadas en baja resolución en disco óptico
y visto en pantalla— contra las firmas originales, donde ambas firmas
no se captan con precauciones, como lo aplican, por ejemplo, los bancos
o las tarjetas de crédito.
De acuerdo con mi humilde opinión, esta tarea equivale a adivinaza, salvo
que se hubiese involucrado al Laboratorio de Criminalística de la Policía
Nacional, porque sin este apoyo nadie puede deducir, a ciencia cierta,
con la clase de firmas mencionadas, si éstas corresponden o no a sus supuestos
dueños.
Llegamos al último elemento del proceso, la deducción de la cantidad total
probable de supuestos firmantes válidos con firma comprobada, con base
en una muestra estadística. Aunque —en términos generales— una muestra
puede producir con altos niveles de probabilidad información sobre el
conjunto total, esto es matemáticamente válido sí y sólo sí se toma la
muestra sin perturbación del mismo universo, sobre el cual se quiere inferir.
No obstante, éste no es el caso en el proceso de verificación del CSE,
dado que las muestras se tomaron de un universo reducido de las firmas
supuestamente validadas contra el padrón electoral. El proceder de aumentar
o cambiar el universo y de tomar de nuevo una muestra, o de tomar más
que una muestra del mismo universo reducido —como aplicado, según se ha
dicho en varios casos— sale en lo definitivo de los procedimientos establecidos
en la estadística.
En resumen: al comentar en oportunidades casuales mis puntos de vista
meramente técnicos con miembros y dirigentes de varios partidos —incluidos
y excluidos— casi todos me respondieron que el problema era, en primera
instancia, un problema político y no un problema técnico.
Ésta sigue siendo la misma repuesta que nos dio el Dr. Mariano Fiallos
Oyanguren como Presidente del CSE en 1992, cuando con base en un análisis
técnico detallado habíamos concluido que el proceso de cedulación no iba
a terminar antes del 2001 —por los problemas de los registros civiles—,
y que el patrón electoral permanente iba a ser siempre una ficción —por
el alto grado de movilidad de barrio a barrio o de pueblo a pueblo de
los nicaragüenses—.
Él defendió políticamente a capa y espada la idea de terminar ya en 1995,
y de tener desde entonces por delante un padrón permanente. Pienso que
estamos en el 2000, ya sobre el tiempo, para aprender como ciudadanos
y como políticos que sistemas informáticos técnicamente insuficientes
o mal hechos pueden abrir la puerta a arbitrariedades —hasta el fraude—
y que por tanto la auditoría informática/técnica externa a tiempo —como
por ejemplo la implementa por obligación, por ley, en cualquier banco—
hubiera sido para el bien de todos. 
*
Cornelius Hopmann es mi nombre legal. En Nicaragua no obstante normalmente
me llamo y firmo como Cornelio. Tengo documentos oficiales (Licencia de
Conducir) como Corneluis o (Cédula) como Hoppman. Pero a veces la gente
me pone Holman o Holmann, los que da en combinaciones ya 12 formas de
mi nombre y apellido en uso en Nicaragua. Más el banco me devuelve cada
8º cheque de los tantos de la empresa por no coincidencia en la firma.
O sea, los problemas mencionados son reales y se presentan a diario.
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