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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 5/ No. 202/ Del 30 de julio al 5 de agosto de 2000

 

 
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Columnista Invitado

Cuandola informática falla... cualquier cosa
es posible

Cornelius Hopmann*


A raíz de la eliminación de varios partidos políticos —PLN, MUC, MRS, MSL— por el Consejo Supremo Electoral, los perjudicados han alegado que se ha puesto en marcha un mecanismo de fraude electoral por la vía electrónica en el CSE.

Hasta ahora los reclamantes sostienen que el Consejo no les ha brindado las evidencias de las firmas repetidas o invalidadas que les atribuyen, pero no han ofrecido pruebas irrefutables del “fraude electrónico”.

Sin la intención de meterme al contexto político de lo ocurrido y sin tener a mano una descripción detallada del sistema informático usado —que al parecer no les fue facilitado tampoco a los partidos— pienso que desde mi responsabilidad técnica para el montaje del Sistema Electoral 1989/90 hasta el día de hoy en múltiples consultorías —entre ellas al propio CSE— he acumulado bastante experiencia en los problemas informáticos intrínsecos, que se presentan en el procesamiento de identificaciones y firmas en un país como Nicaragua; experiencia suficiente, pienso, para señalar la posibilidad de fallas técnicas en el sistema del CSE, las que —bajo el procedimiento aplicado— abrieran espacio para decisiones arbitrarias.


Errores comunes en la captación de datos

Primero, la calidad de trabajo en la captación de datos en Nicaragua sigue siendo bastante baja. Por lo general, se presentan hasta un 8% de errores en la digitación. Por razones obvias, usando listas parcialmente llenadas a mano y no a máquina, el margen puede subir hasta el 20% y más. Por tanto, se tienen que tomar precauciones especiales como doble grabación u otras para reducir el margen de error.

Segundo, en Nicaragua no hay ortografía oficial de nombres y apellidos —como por ejemplo en Francia—. Esto establece una segunda fuente de errores, porque la persona misma como el digitador suelen poner —casi de forma inconsciente— la versión que ellos consideran ortográficamente correcta.

Por medio de investigaciones en el padrón electoral de 89/90 se descubrió que tales errores pueden acumular un 23% adicional al margen de error. De nuevo hay que tomar precauciones especiales para “identificar” a una persona aun con esta clase de errores, usando algoritmos especiales y complicados, hechos especialmente para el caso de Nicaragua. El CSE gastó más de 150 mil dólares para desarrollarlos en el caso del Registro Civil, pero no se sabe si el CSE los usó o no en el proceso de verificación.

Si no se toman las medidas preventivas para corregir los problemas referidos, automáticamente una gran cantidad de firmas van a ser rechazadas como inválidas sin serlo, perjudicando por el procedimiento elegido al partido que las hubiese presentado.

Ahora bien, desde el punto de vista técnico/práctico se puede implementar un override, es decir, a pesar de que el programa de primas a primeras rechazó los datos como incongruentes, por medio de una tecla especial se los valida. Esta es una solución simple que se aplica en muchas empresas privadas para ahorrar el gran costo de los algoritmos especiales, pero, obviamente, abre la puerta para cualquier arbitrariedad.

Supongamos, por el momento, que los datos —es decir nombres y apellidos— hayan llegado correctamente a la máquina, entonces se presenta un nuevo problema, puesto que —según nuestras estadísticas con base en el padrón electoral de 89/90— de cada 100 nicaragüenses, hasta 18 comparten sus nombres y apellidos con otra persona diferente, o sea, que sólo nombres y apellidos en Nicaragua son insuficientes para identificar a una persona, o al revés. Si se comparan sólo los nombres y apellidos de una lista de firmantes con esta misma lista o la de otro partido, es muy probable que automáticamente el 18% salga como repetidos sin serlo.

Para prevenir esto, en procesos como el de la verificación se tiene que grabar no sólo nombres, apellidos y número de cédula, sino, además, dotar a cada folio original con un número único, y grabar adicionalmente por cada línea del folio este número único así como su número de línea.

Si los datos se captan de esta forma es cuestión de minutos reproducir listados de firmas inválidas o duplicadas con su referencia exacta. Si no se hizo de esa manera, no hay forma de hacerlo después y de saberlo con exactitud.

Más aún, sin captar partido/folio/línea, puede suceder que ante la alta presión del proceso, sin darse cuenta, se capte la misma hoja varias veces. Evitar la doble grabación fue un problema mayúsculo ya en 1989, y después Informática del CSE tuvo que implementar un régimen muy estricto para evitarlo en todo el proceso de cedulación.

El problema radica en miles y miles de hojas sueltas que hay que controlar manualmente fuera de la computadora. Mantener tal disciplina estricta en la presencia de decenas de fiscales alterados parece muy, pero muy difícil.


Una auditoría externa a tiempo

Pero los problemas todavía no han terminado. En la etapa final se intentaba comparar las firmas de cédulas —grabadas en baja resolución en disco óptico y visto en pantalla— contra las firmas originales, donde ambas firmas no se captan con precauciones, como lo aplican, por ejemplo, los bancos o las tarjetas de crédito.

De acuerdo con mi humilde opinión, esta tarea equivale a adivinaza, salvo que se hubiese involucrado al Laboratorio de Criminalística de la Policía Nacional, porque sin este apoyo nadie puede deducir, a ciencia cierta, con la clase de firmas mencionadas, si éstas corresponden o no a sus supuestos dueños.

Llegamos al último elemento del proceso, la deducción de la cantidad total probable de supuestos firmantes válidos con firma comprobada, con base en una muestra estadística. Aunque —en términos generales— una muestra puede producir con altos niveles de probabilidad información sobre el conjunto total, esto es matemáticamente válido sí y sólo sí se toma la muestra sin perturbación del mismo universo, sobre el cual se quiere inferir.

No obstante, éste no es el caso en el proceso de verificación del CSE, dado que las muestras se tomaron de un universo reducido de las firmas supuestamente validadas contra el padrón electoral. El proceder de aumentar o cambiar el universo y de tomar de nuevo una muestra, o de tomar más que una muestra del mismo universo reducido —como aplicado, según se ha dicho en varios casos— sale en lo definitivo de los procedimientos establecidos en la estadística.

En resumen: al comentar en oportunidades casuales mis puntos de vista meramente técnicos con miembros y dirigentes de varios partidos —incluidos y excluidos— casi todos me respondieron que el problema era, en primera instancia, un problema político y no un problema técnico.

Ésta sigue siendo la misma repuesta que nos dio el Dr. Mariano Fiallos Oyanguren como Presidente del CSE en 1992, cuando con base en un análisis técnico detallado habíamos concluido que el proceso de cedulación no iba a terminar antes del 2001 —por los problemas de los registros civiles—, y que el patrón electoral permanente iba a ser siempre una ficción —por el alto grado de movilidad de barrio a barrio o de pueblo a pueblo de los nicaragüenses—.

Él defendió políticamente a capa y espada la idea de terminar ya en 1995, y de tener desde entonces por delante un padrón permanente. Pienso que estamos en el 2000, ya sobre el tiempo, para aprender como ciudadanos y como políticos que sistemas informáticos técnicamente insuficientes o mal hechos pueden abrir la puerta a arbitrariedades —hasta el fraude— y que por tanto la auditoría informática/técnica externa a tiempo —como por ejemplo la implementa por obligación, por ley, en cualquier banco— hubiera sido para el bien de todos.


* Cornelius Hopmann es mi nombre legal. En Nicaragua no obstante normalmente me llamo y firmo como Cornelio. Tengo documentos oficiales (Licencia de Conducir) como Corneluis o (Cédula) como Hoppman. Pero a veces la gente me pone Holman o Holmann, los que da en combinaciones ya 12 formas de mi nombre y apellido en uso en Nicaragua. Más el banco me devuelve cada 8º cheque de los tantos de la empresa por no coincidencia en la firma. O sea, los problemas mencionados son reales y se presentan a diario.