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OJO
DE MUJER
La
sucesión de Alemán
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| Cristiana
Chamorro |
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La sucesión
del presidente Arnoldo Alemán es un tema partidario, pero al mismo tiempo
de interés y preocupación nacional. La forma en que se establezca su traspaso
de mando decidirá la suerte no sólo del Partido Liberal, sino también
de Nicaragua, ya que el país experimentará un avance o un retroceso en
lo que a democracia se refiere.
Hasta ahora,
las sucesiones liberales se han caracterizado por la personalización caudillista,
generación de violencia, atrasos económicos y gestaciones de dinastías
y dictaduras.
Es cierto que de conformidad con la Constitución, Alemán deberá salir
de la Presidencia el 10 de enero del 2002. Sin embargo, el mandatario
no ha podido sustraerse a la idea de romper el calendario electoral promoviendo
una Constituyente con fines continuistas, como último eslabón del pacto
Alemán-Ortega.
Ambos caudillos esperan los resultados de las elecciones municipales para
definirse en cuanto a la tentación constituyentista. Si Daniel Ortega
no encuentra ventajas en apoyar la Constituyente, el Presidente de la
República terminará este año envuelto en una “crisis de sucesión”. Apoyar
a alguien, le dividiría el PLC, y de no inclinarse por nadie generaría
desconfianza nacional.
Un presidente en “crisis de sucesión” provocaría descontrol en la gestión
gubernamental, incertidumbre alrededor de la justeza electoral, desórdenes
en el plano económico y político, e inseguridad para la inversión nacional
y extranjera. Por otra parte, las fuerzas opositoras capitalizarán al
máximo la debilidad del gobierno y los errores de un mandatario desgastado
políticamente.
La cancelación del tema de “la sucesión” en la agenda de la Gran Convención
Liberal programada para el próximo 11 de julio, es el primer síntoma de
esa crisis del Presidente. “No se abordará el asunto porque Alemán no
tiene el partido en la mano después del conflicto con José Antonio Alvarado”,
aseguran fuentes liberales.
La negativa presidencial a discutir el punto evidencia otros aspectos
de esa “crisis de sucesión”:
1. El surgimiento de un líder liberal entraría en competencia con
los últimos tiempos del caudillo en el poder y le quitaría autoridad en
dos sentidos: primero, para negociar los detalles de su propia sucesión,
y, segundo, restaría capacidad a la Presidencia de la República para seguir
siendo trafico de influencias y fuente de negocios por un año más entre
amigos, familiares y allegados.
2. Si el tema no se aborda en una Gran Convención, es claro que
la sucesión de Alemán será por la vía del autoritarismo caudillista, un
“dedazo” que le asegure, por lo mínimo, dos cosas: una cuota importante
de poder en un futuro gobierno liberal y la inmunidad con impunidad necesaria
para no rendirle cuentas al pueblo.
Si a todas luces el Presidente no esta listo para actuar democráticamente
en la sucesión del poder, una se pregunta: ¿Cuál va a ser la actitud de
“los príncipes liberales que pretenden ser coronados”? ¿Cómo van a asumir
su responsabilidad histórica en la sucesión de Alemán?
Si se someten a los dictados del “jefe” en contra de la democracia interna
del partido, lógicamente no son consecuentes con el fortalecimiento de
un sistema democrático para Nicaragua. Aceptar en silencio la desinstitucionalizacion
de un partido importante, es lo mismo que estar en contra de la institucionalización
del Estado. Su complicidad con el autoritarismo y el conformarse con una
posible vicepresidencia, no los libera de su irresponsabilidad con la
democracia en Nicaragua.
Y habría que preguntarse también por aquellos liberales que, por su edad
y otras razones, no están en la categoría de los “príncipes”, pero tienen
asignada una banca en la espera de la sucesión. Como en los mejores equipos
de béisbol, no ocultan su aspiración de un segundo turno al bate supuestamente
ofrecido.
Analistas consultados aseguran que “los príncipes” nunca van a llegar
a la Presidencia por la vía del “dedazo”, porque no arrastran votos. Además,
en la cúpula liberal priva la teoría de que los liberales de mas edad:
padrinos, compadres, vicepresidentes y viejos compañeros de mesa, tienen
ventajas competitivas sobre los primeros.
La lógica detrás de este aspecto de la sucesión es que alguien de menor
edad dificultaría el retorno de Alemán para el 2006. Expertos en imagen
consideran que un heredero mayor no competiría con el relanzamiento del
ex presidente, quien para entonces explotaría su figura de padre con hijos
recién nacidos en los brazos.
Por otra parte, se asegura que entre más edad tenga el sucesor, más dependiente
será del caudillo y del partido. Sus años lo inclinan a seguir con las
políticas de su antecesor y a tener prudencia en iniciativas propias.
En esta línea de sucesión las últimas apuestas políticas dan posibilidades
a figuras como la del vicepresidente Bolaños. Se le reconoce como “un
buen subordinado” que jamás ha cuestionado al Presidente en su enriquecimiento
personal, en políticas de gobierno o en los actos de corrupción gubernamental.
“No ha querido irritar a quien va a tener la decisión final”, dicen los
allegados del vicepresidente cuando les preguntamos por qué Bolaños no
ha combatido la corrupción con la energía deseable.
La candidatura de Bolaños se cabildea en los siguientes términos: primero,
como una oferta de seguridad para quienes otra vez votarían sólo por temor
a un regreso de Daniel Ortega; segundo, sugieren que Bolaños podría arrastrar
votos conservadores “zancudos” que están indecisos e incómodos con el
relevo generacional que ha ocurrido en el conservatismo; y, tercero, lo
presentan como garantía de estabilidad laboral partidaria.
Aseguran que con Bolaños, el diputado Alemán seguiría gobernando desde
la Asamblea Nacional con una mayoría necesaria para mantener al nuevo
titular del Ejecutivo sometido, como lo ha sido en la Vicepresidencia.
La sucesión del presidente Alemán planteada en estos términos es un asunto
que trasciende al liberalismo. Significa la consolidación de otro partido
centralista y verticalista, con todas las características necesarias para
la consolidación de una dictadura partidista y la reafirmación del caudillismo
en Nicaragua, como referencia de liderazgo político.
A un año y medio de las elecciones presidenciales, el Diálogo Nacional
debería servir para evitarle una crisis de sucesión a los nicaragüenses.
Necesitamos acuerdos nacionales que comprometan elecciones transparentes,
en tiempo, y, además, la democratización interna de los partidos para
avanzar en la constitución de un sistema democrático basado en la sanidad
de dichas instituciones políticas.
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