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Columnista
Invitado
¿Que
hacer ante una enventual victoria del FSLN?
Donald
Castillo Rivas
Hace poco
tiempo uno de los máximos dirigentes de la empresa privada de Colombia,
me comentó que ellos se estaban preparando para negociar con la guerrilla
ante su eventual participación en el poder. Eso demuestra inteligencia
y habilidad de los colombianos para adaptarse a las cambiantes circunstancias
políticas.
Sin embargo, los sectores empresariales de Nicaragua no tienen en agenda
la posibilidad de un triunfo sandinista en las próximas elecciones. Un
amigo me dijo que empezará a preocuparse sólo si Herty Lewites gana las
elecciones municipales con más del 35% del electorado.
¿Pero, con una polarización creciente, a medida que se acerca la contienda
presidencial, no será demasiado tarde para entonces?
Creo no equivocarme si digo que a una parte significativa de la población
le gustaría conocer que es lo que harían los sandinistas si llegan nuevamente
al poder. Y si bien es cierto que muy pocos creen que será “la noche obscura”
que pronostican algunos liberales desde el gobierno, la verdad es que
no existen suficientes datos para formarnos una idea objetiva del programa
del FSLN.
Pareciera que estamos predestinados a caer una y otra vez en el terreno
resbaladizo de las especulaciones y los estigmas, para intentar prever
lo que nos pueda pasar a la vuelta de la esquina. En ese plano tan subjetivo,
único criterio del que disponemos, pienso que los sandinistas nuevamente
en el poder no serían ni tan malos como muchos creen, ni tan buenos gobernantes
como reclama la ciudadanía.
En términos de política económica no existe en Nicaragua mucho margen
para nadie. Los compromisos adquiridos por nuestro país con los organismos
multilaterales y la comunidad internacional, unido a la naturaleza del
mundo en que vivimos, no permiten cometer excesos a ningún gobernante.
ESAF, HIPC, estabilidad macroeconómica, políticas de población, etc.,
son parámetros que quizás los sandinistas cumplan técnicamente mejor que
sus adversarios.
Es lógico. Somos un país “intervenido económicamente” por usar un término
heterodoxo, y a los sandinistas les conviene manejarse como estadistas
respetuosos de los compromisos, para garantizar su vigencia y aceptación
internacional. Por lo tanto, en este punto no habría que asustarse: cero
confiscaciones y reforzamiento de los antiguos paradigmas de la economía
de mercado, aunque con apoyo desmedido al grupo empresarial vinculado
al Estado —como siempre—.
Además, recordemos que por encima de las cabezas de los gobernantes estará
la bendita espada de la transparencia y la gobernabilidad, que tanto bien
ha hecho por este pobre país.
Internacionalmente tampoco se puede ser excéntrico. Vivimos una época
de paz y cooperación con reglas escritas y aceptadas por todos, lo que
podría indicar que los sandinistas no van a promover la violencia en otras
partes, pero tampoco se les puede exigir que no simpaticen con ella.
Quizás haya mejoría en lo social y educativo. Lo más seguro es que quién
sabe.
Pero los puntos negros que rondan en la memoria histórica son preocupantes.
Por ejemplo, me pregunto si vamos a retroceder en la institucionalidad
del país y hay razón para creer que vamos a empeorar (Contraloría, Corte
Suprema de Justicia y Consejo Supremo Electoral, politizados).
¿Será un gobierno excluyente, clientelista, intolerante, vociferante,
insultativo, irrespetuoso, vengativo, etc.? Sería bueno escuchar lo que
dicen al respecto sus principales dirigentes.
Estos son temas recurrentes de nuestra cultura política que incuestionablemente
llenan de incertidumbre a muchos nicaragüenses. No obstante, hay una preocupación
que supera a todas las demás: ¿Cuál será el papel del Ejército y la Policía?
Es justo reconocer que si algunos en este país han dado muestras de profesionalismo
y respeto a las instituciones, son, sin lugar a dudas, las fuerzas armadas
y policiales. Pero, ¿con los antiguos camaradas en el poder existirá margen
o razón para seguir así? ¿Qué piensa la élite del FSLN sobre las políticas
y filosofías militares y policiales, en las actuales circunstancias en
que sigue arraigada la yuxtaposición de intereses Estado-Partido?
A muchos nos gustaría ver un programa de gobierno del FSLN con respuestas
a todas estas preguntas, en donde se asegure la libre iniciativa con sana
competencia en los mercados, el fortalecimiento de nuestras instituciones,
un nuevo contrato social condicionado por los consensos, acuerdos políticos
en vez de pactos, una verdadera y positiva revolución educativa, un Estado
de Derecho, y, sobre todo, respeto, tolerancia y visión de libertad irrestricta
para los ciudadanos, independientemente de sus preferencias ideológicas.
Estos principios hay que empezarlos a negociar con todos los aspirantes
a la presidencia, incluyendo a los sandinistas. Lo ideal sería que en
Nicaragua tuviéramos gobiernos que funcionen bien, sin importar su ideología.
Equipos técnicamente solventes en vez de líderes “carismáticos” y demagogos.
Ojalá que podamos fomentar desde los medios un debate de altura sobre
propuestas a temas urgentes y sensibles, en vez de la típica contienda
de insultos vacíos y verborrea grasosa y aburrida. A lo mejor resulta.
Hay que ser optimistas, aunque para ello tengamos que creer en los milagros.

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