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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 4 / No. 197 / Del 25 de junio al 1 de julio de 2000

 

 
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Columnista Invitado

¿Que hacer ante una enventual victoria del FSLN?

Donald Castillo Rivas

Hace poco tiempo uno de los máximos dirigentes de la empresa privada de Colombia, me comentó que ellos se estaban preparando para negociar con la guerrilla ante su eventual participación en el poder. Eso demuestra inteligencia y habilidad de los colombianos para adaptarse a las cambiantes circunstancias políticas.

Sin embargo, los sectores empresariales de Nicaragua no tienen en agenda la posibilidad de un triunfo sandinista en las próximas elecciones. Un amigo me dijo que empezará a preocuparse sólo si Herty Lewites gana las elecciones municipales con más del 35% del electorado.

¿Pero, con una polarización creciente, a medida que se acerca la contienda presidencial, no será demasiado tarde para entonces?

Creo no equivocarme si digo que a una parte significativa de la población le gustaría conocer que es lo que harían los sandinistas si llegan nuevamente al poder. Y si bien es cierto que muy pocos creen que será “la noche obscura” que pronostican algunos liberales desde el gobierno, la verdad es que no existen suficientes datos para formarnos una idea objetiva del programa del FSLN.

Pareciera que estamos predestinados a caer una y otra vez en el terreno resbaladizo de las especulaciones y los estigmas, para intentar prever lo que nos pueda pasar a la vuelta de la esquina. En ese plano tan subjetivo, único criterio del que disponemos, pienso que los sandinistas nuevamente en el poder no serían ni tan malos como muchos creen, ni tan buenos gobernantes como reclama la ciudadanía.

En términos de política económica no existe en Nicaragua mucho margen para nadie. Los compromisos adquiridos por nuestro país con los organismos multilaterales y la comunidad internacional, unido a la naturaleza del mundo en que vivimos, no permiten cometer excesos a ningún gobernante. ESAF, HIPC, estabilidad macroeconómica, políticas de población, etc., son parámetros que quizás los sandinistas cumplan técnicamente mejor que sus adversarios.

Es lógico. Somos un país “intervenido económicamente” por usar un término heterodoxo, y a los sandinistas les conviene manejarse como estadistas respetuosos de los compromisos, para garantizar su vigencia y aceptación internacional. Por lo tanto, en este punto no habría que asustarse: cero confiscaciones y reforzamiento de los antiguos paradigmas de la economía de mercado, aunque con apoyo desmedido al grupo empresarial vinculado al Estado —como siempre—.

Además, recordemos que por encima de las cabezas de los gobernantes estará la bendita espada de la transparencia y la gobernabilidad, que tanto bien ha hecho por este pobre país.

Internacionalmente tampoco se puede ser excéntrico. Vivimos una época de paz y cooperación con reglas escritas y aceptadas por todos, lo que podría indicar que los sandinistas no van a promover la violencia en otras partes, pero tampoco se les puede exigir que no simpaticen con ella.

Quizás haya mejoría en lo social y educativo. Lo más seguro es que quién sabe.

Pero los puntos negros que rondan en la memoria histórica son preocupantes. Por ejemplo, me pregunto si vamos a retroceder en la institucionalidad del país y hay razón para creer que vamos a empeorar (Contraloría, Corte Suprema de Justicia y Consejo Supremo Electoral, politizados).

¿Será un gobierno excluyente, clientelista, intolerante, vociferante, insultativo, irrespetuoso, vengativo, etc.? Sería bueno escuchar lo que dicen al respecto sus principales dirigentes.

Estos son temas recurrentes de nuestra cultura política que incuestionablemente llenan de incertidumbre a muchos nicaragüenses. No obstante, hay una preocupación que supera a todas las demás: ¿Cuál será el papel del Ejército y la Policía?

Es justo reconocer que si algunos en este país han dado muestras de profesionalismo y respeto a las instituciones, son, sin lugar a dudas, las fuerzas armadas y policiales. Pero, ¿con los antiguos camaradas en el poder existirá margen o razón para seguir así? ¿Qué piensa la élite del FSLN sobre las políticas y filosofías militares y policiales, en las actuales circunstancias en que sigue arraigada la yuxtaposición de intereses Estado-Partido?

A muchos nos gustaría ver un programa de gobierno del FSLN con respuestas a todas estas preguntas, en donde se asegure la libre iniciativa con sana competencia en los mercados, el fortalecimiento de nuestras instituciones, un nuevo contrato social condicionado por los consensos, acuerdos políticos en vez de pactos, una verdadera y positiva revolución educativa, un Estado de Derecho, y, sobre todo, respeto, tolerancia y visión de libertad irrestricta para los ciudadanos, independientemente de sus preferencias ideológicas.

Estos principios hay que empezarlos a negociar con todos los aspirantes a la presidencia, incluyendo a los sandinistas. Lo ideal sería que en Nicaragua tuviéramos gobiernos que funcionen bien, sin importar su ideología. Equipos técnicamente solventes en vez de líderes “carismáticos” y demagogos.

Ojalá que podamos fomentar desde los medios un debate de altura sobre propuestas a temas urgentes y sensibles, en vez de la típica contienda de insultos vacíos y verborrea grasosa y aburrida. A lo mejor resulta. Hay que ser optimistas, aunque para ello tengamos que creer en los milagros.