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El
eslabón político de las elecciones municipales
1.
Los dilemas de las municipales
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| Carlos
F. Chamorro |
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Mucho se
ha insistido en el carácter inédito de las elecciones municipales de noviembre,
en que por primera vez las elecciones locales se llevarán a cabo en un
calendario separado al de las presidenciales. Esto ha puesto sobre el
tapete al menos dos hipótesis políticas.
La primera es el peso de la autonomía de lo local —liderazgos, estrategia
y propuestas— frente a la tendencia centralizadora de los partidos y sus
caudillos nacionales. Las elecciones municipales sin lugar a dudas representan
una oportunidad para reforzar las tendencias de descentralización del
Estado y resaltar el papel del municipio en la construcción de la democracia
desde abajo. Según esta lógica de pensamiento, las elecciones municipales
deberían permitir a los ciudadanos votar por los mejores candidatos y
opciones locales, sin la presión partidaria del voto en cascada que ocurrió
durante la polarización de 1996.
Pero, en contraposición a esta visión, la ley electoral no solamente eliminó
las organizaciones de suscripción popular, sino que estableció barreras
para la formación de alianzas, al margen del pacto PLC-FSLN, dificultando
la participación de otras opciones políticas. Adicionalmente, el PLC y
el FSLN se presentan como verdaderas maquinarias políticas nacionales
encabezadas por el liderazgo caudillista de Alemán y Ortega, respectivamente.
Ambos líderes continúan siendo electores importantes, y pondrán a prueba
su capacidad para arrastrar votos a favor de sus respectivos candidatos
municipales, haciendo campana a nivel local.
La segunda hipótesis gira en torno al tipo de vínculo político que se
establecerá entre las elecciones municipales y las presidenciales del
2,001. ¿Incidirá de forma determinante en las elecciones generales, el
resultado de las municipales; o pueden los partidos separar tajantemente
su desempeno en las municipales de las presidenciales?
¿Es posible romper el bipartidismo PLC-FSLN en el 2,001 si en las elecciones
municipales del 2,000 ambos partidos mantienen el control oligopólico
de las alcaldías? ¿Es viable para una fuerza nueva concentrar sus recursos
y energías en la construcción de un nuevo partido político y una candidatura
presidencial, obviando el eslabón municipal?
Para los partidos establecidos, la relación de causalidad política entre
ambas elecciones es inseparable. Para otros, ir a las municipales se convierte
en un imperativo de sobrevivencia política, para poder influir en una
alianza futura de cara a la elección presidencial. Pero hay otro tipo
de fuerzas emergentes que tomando en cuenta las barreras que impone la
Ley Electoral para la formación de alianzas y nuevos partidos, considera
que el trámite de las municipales es prescindible.
En cualquier caso, de la respuesta que brindan los partidos a estas preguntas,
dependerán las prioridades de sus estrategias políticas.
2.
El factor Alemán: gobierno-PLC
Para el
liberalismo, pero especialmente para Alemán, que se encuentra en el punto
más bajo de su popularidad, ganar las elecciones municipales representa
un asunto de vida o muerte. Una victoria política del PLC en noviembre
— que implique retener el control de sus 91 alcaldías, incluida Managua
— significaría una victoria personal para el liderazgo de Alemán. En cambio,
una derrota liberal en las principales plazas electorales, no sería atribuida
a los candidatos locales, sino a la gestión global del gobierno y a los
yerros políticos del Presidente. En tales circunstancias, se debilitaría
el control absoluto del Partido ejercido por Alemán y su incidencia en
la selección futura de la fórmula presidencial.
Estamos en el penúltimo ano del gobierno del presidente Alemán y como
corresponde en nuestra tradición política, las prioridades de su estrategia
gubernamental ya se están adaptando a los objetivos de ganar las elecciones
municipales. El Presidente, que nunca se ha destacado como Estadista,
está dedicado de lleno a lo que mejor sabe hacer: la labor de jefe de
campana nacional, agitador y candidato permanente del Partido Liberal.
n Alemán ya inició la reorganización de su gabinete para liberar recursos
humanos de su entera confianza, a fin de dirigir a sus anchas la campana
electoral. Y por los cambios anunciados, es evidente que redundarán en
reducir la capacidad de ejecutoria del gobierno.
n Un segundo objetivo es maximizar el impacto político de las acciones
gubernamentales. Siempre existe el riesgo de que el gobierno caiga en
la tentación de excederse en el gasto, generando presiones inflacionarias.
Pero en este caso es sumamente difícil que esto ocurra, porque el gobierno
está sometido a fuertes restricciones de parte del FMI. El margen de acción
gubernamental para salirse del carril es sumamente estrecho.
n Tampoco tiene el gobierno flexibilidad para disponer de recursos externos
adicionales, puesto que las presiones de los donantes sobre gobernabilidad
y transparencia imponen una estrecha fiscalización sobre el uso de recursos.
Aún en el caso de que Nicaragua ingresara al punto de decisión de la HIPC
antes de finales de ano, esto no tendría ningún impacto práctico en los
procesos electorales.
n Por el contrario, uno de los mayores problema políticos para el gobierno
es la tendencia económica recesiva que está afectando con severidad al
campo, la agroindustria, e incluso sectores del comercio.
n Desde el punto de vista político, el PLC goza de una ventajas práctica:
cuenta con una maquinaria nacional con directivas y candidatos en todos
los municipios, aunque montada sobre un tinglado de prebendas. Empezó
su campana con bastante anticipación y el Presidente de la República está
dedicado tiempo completo a hacer campana municipal.
n Sus principales debilidades, sin embargo, se derivan de su problema
de credibilidad: las expectativas no cumplidas a la población. la obra
material del gobierno liberal resulta opacada por el estilo presidencial
caudillista y autoritario del Presidente. Las disensiones internas, los
casos de Eddy Gomez en Managua y José Antonio Alvarado a nivel nacional,
y el desgaste infringido al partido por el caso de Byron Jerez, se suman
al desprestigio causado por el pacto. Pero la incógnita más importante
aún sigue sin despejarse: ¿se distanciará finalmente la Iglesia Católica
del partido liberal?
3.
Ortega y el Frente Sandinista
Para el
Frente Sandinista y Daniel Ortega, en particular, el panorama de las elecciones
municipales no es muy distinto que lo que ocurre con Alemán. Ortega necesita
ganar las elecciones para reanimar a su partido y demostrar que los costos
políticos del pacto han sido compensados. Pero sobre todo necesita ganar,
para reafirmar su liderazgo personal en la elección presidencial. Una
derrota electoral del FSLN, obteniendo un porcentaje por debajo del 36%
obtenido en 1996, perdiendo algunas de sus plazas tradicionales, León,
Estelí, Jinotepe, Ocotal, pondría en entredicho la candidatura presidencial
de Ortega en las elecciones del 2,001.
n Consumado el pacto con el PLC, y a pesar del desgaste y alto costo político
que ha significado para el FSLN, Ortega está ahora en una posición bastante
cómoda para dar un nuevo bandazo y retomar el discurso radical. Distanciarse
del gobierno y empezar a hacer oposición en los temas sociales, económicos
y de corrupción, es un componente central de su estrategia electoral
n A pesar de que existe un movimiento antipacto en el FSLN – la “izquierda
democrática”—que ha sido abiertamente confrontativa en contra de Ortega,
en el terreno de las elecciones municipales la política de los disidentes
del FSLN es apoyar a los candidatos oficiales del FSLN. Esta es una ventaja
adicional para Ortega pues le permite mantener la cohesión interna.
n La debilidad principal del FSLN es que la mayoría del sandinismo sigue
siendo inorgánica y se encuentra dispersa. En tanto el partido se encuentra
sumido en un círculo vicioso, enconchado en su propio aparato partidario.
De ahí que la mayoría de los candidatos sandinistas reflejan las demandas
del aparato y no de la sociedad. El caso de Herty Lewites en Managua es
una excepción importante, y por ello representa la principal carta electoral
del FSLN.
4.
La desventaja de la tercera fuerza
A pesar
de su potencial político reflejado en la mayoría del electorado que no
está inscrito en el bloque PLC-FSLN, los proyectos de tercera fuerza concurren
en una situación desventajosa a las elecciones municipales.
La dispersión inicial entre el partido conservador y el MDN, los obstáculos
perversos impuestas por la nueva ley electoral para dificultar la conformación
de una alianza, y la crisis de la alianza MDN, han colocado en una encrucijada
contra el tiempo a la tercera fuerza.
n A primera vista, el partido conservador pareciera ser el beneficiario
natural de esta situación. Cuenta con abundantes recursos económicos,
pero su capacidad de atracción sigue siendo limitada. Aparte de la apuesta
por la candidatura de Pedro Solórzano en Managua, que está amenazada por
el pacto, los conservadores están obligados a ensenar una estrategia convincente
a nivel nacional para las elecciones municipales.
n Entre tanto, el bloque original de la alianza MDN aparece escindido
entre dos proyectos. El del general Joaquín Cuadra que propone crear un
nuevo partido político, dedicado exclusivamente a construir una candidatura
presidencial, y el MRS que, con el apoyo de otros partidos, anunció que
concurrirá a las elecciones municipales, con Dora María. Téllez como candidata
a la Alcaldía de Managua. Ambas propuestas entranan riesgos considerables:
para el MRS recolectar las firmas contra el tiempo, sin recursos y con
el Consejo Supremo Electoral manipulando la Ley en contra; para el movimiento
de Cuadra, fundar un nuevo partido político, demanda mucho más que la
presencia de un líder nacional.
n No está suficientemente claro aún, si las estrategias separadas en el
esfuerzo por construir una Tercera Vía, implican una especie de división
del trabajo. De todas formas, el déficit compartido del proyecto de tercera
fuerza continúa siendo la carencia de una plataforma programática, que
trascienda el discurso antipacto.
n Un tercer polo, al que se le ha prestado poca atención, es el evangélico,
por ahora escindido entre el Movimiento de Unidad Cristiana y Camino Cristiano.
La fuerza evangélica representa un aliado natural para fortalecer la tercera
fuerza, pero también es un candidato a ser seducido por liberales y sandinistas.
n Es todavía prematuro y no existe información confiable que permita pronosticar
los resultados electorales municipales. Lo único que se puede afirmar
con certeza es que liberales y sandinistas arrancan con una ventaja considerable.
Según la encuesta de CID Gallup de abril, las preferencias políticas municipales
favorecen al PLC (21%) y al FSLN (17%), seguidos del partido Conservador
(7%) y MDN (6%, antes de la ruptura de esta alianza.
n El otro factor que afectará directamente los resultados de la elección
es el peligro de la abstención. La Consulta más reciente efectuada por
Etica y Transparencia entre mas de 90,000 personas en 120 municipios,
indica que existen altos niveles de desconfianza en el Consejo Supremo
Electoral. Mas importante aún, el 56.6% dice que sí votará en noviembre,
el 22% responde no y el 21.4% no sabe. Estos porcentajes resultan consistentes
con la encuesta CID GALLUP realizada en abril, en la cual 53% aseguro
que votará en las municipales, 26% dijo no y 21% no sabe.
n Aunque todavía no se trata de una tendencia irreversible, preocupa que
pueda ocurrir una mayor abstención que en elecciones anteriores. Y si
se produce la inhibición en contra de Pedro Solórzano, sin duda se incrementará
el descrédito nacional e internacional del Consejo Supremo Electoral,
y por tanto la desconfianza. La abstención, lógicamente, beneficiaría
a los partidos que tienen mas capacidad para mover a sus votantes cautivos,
PLC, FSLN. Pero también rompería de forma definitiva el vínculo entre
los resultados de las elecciones municipales y las nacionales del 2,001.
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