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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 4 / No. 195 / Del 11 al 17 de junio de 2000

 

 
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El eslabón político de las elecciones municipales

1. Los dilemas de las municipales

 
Carlos F. Chamorro  

Mucho se ha insistido en el carácter inédito de las elecciones municipales de noviembre, en que por primera vez las elecciones locales se llevarán a cabo en un calendario separado al de las presidenciales. Esto ha puesto sobre el tapete al menos dos hipótesis políticas.

La primera es el peso de la autonomía de lo local —liderazgos, estrategia y propuestas— frente a la tendencia centralizadora de los partidos y sus caudillos nacionales. Las elecciones municipales sin lugar a dudas representan una oportunidad para reforzar las tendencias de descentralización del Estado y resaltar el papel del municipio en la construcción de la democracia desde abajo. Según esta lógica de pensamiento, las elecciones municipales deberían permitir a los ciudadanos votar por los mejores candidatos y opciones locales, sin la presión partidaria del voto en cascada que ocurrió durante la polarización de 1996.

Pero, en contraposición a esta visión, la ley electoral no solamente eliminó las organizaciones de suscripción popular, sino que estableció barreras para la formación de alianzas, al margen del pacto PLC-FSLN, dificultando la participación de otras opciones políticas. Adicionalmente, el PLC y el FSLN se presentan como verdaderas maquinarias políticas nacionales encabezadas por el liderazgo caudillista de Alemán y Ortega, respectivamente. Ambos líderes continúan siendo electores importantes, y pondrán a prueba su capacidad para arrastrar votos a favor de sus respectivos candidatos municipales, haciendo campana a nivel local.

La segunda hipótesis gira en torno al tipo de vínculo político que se establecerá entre las elecciones municipales y las presidenciales del 2,001. ¿Incidirá de forma determinante en las elecciones generales, el resultado de las municipales; o pueden los partidos separar tajantemente su desempeno en las municipales de las presidenciales?

¿Es posible romper el bipartidismo PLC-FSLN en el 2,001 si en las elecciones municipales del 2,000 ambos partidos mantienen el control oligopólico de las alcaldías? ¿Es viable para una fuerza nueva concentrar sus recursos y energías en la construcción de un nuevo partido político y una candidatura presidencial, obviando el eslabón municipal?

Para los partidos establecidos, la relación de causalidad política entre ambas elecciones es inseparable. Para otros, ir a las municipales se convierte en un imperativo de sobrevivencia política, para poder influir en una alianza futura de cara a la elección presidencial. Pero hay otro tipo de fuerzas emergentes que tomando en cuenta las barreras que impone la Ley Electoral para la formación de alianzas y nuevos partidos, considera que el trámite de las municipales es prescindible.

En cualquier caso, de la respuesta que brindan los partidos a estas preguntas, dependerán las prioridades de sus estrategias políticas.

 

2. El factor Alemán: gobierno-PLC

Para el liberalismo, pero especialmente para Alemán, que se encuentra en el punto más bajo de su popularidad, ganar las elecciones municipales representa un asunto de vida o muerte. Una victoria política del PLC en noviembre — que implique retener el control de sus 91 alcaldías, incluida Managua — significaría una victoria personal para el liderazgo de Alemán. En cambio, una derrota liberal en las principales plazas electorales, no sería atribuida a los candidatos locales, sino a la gestión global del gobierno y a los yerros políticos del Presidente. En tales circunstancias, se debilitaría el control absoluto del Partido ejercido por Alemán y su incidencia en la selección futura de la fórmula presidencial.

Estamos en el penúltimo ano del gobierno del presidente Alemán y como corresponde en nuestra tradición política, las prioridades de su estrategia gubernamental ya se están adaptando a los objetivos de ganar las elecciones municipales. El Presidente, que nunca se ha destacado como Estadista, está dedicado de lleno a lo que mejor sabe hacer: la labor de jefe de campana nacional, agitador y candidato permanente del Partido Liberal.

n Alemán ya inició la reorganización de su gabinete para liberar recursos humanos de su entera confianza, a fin de dirigir a sus anchas la campana electoral. Y por los cambios anunciados, es evidente que redundarán en reducir la capacidad de ejecutoria del gobierno.

n Un segundo objetivo es maximizar el impacto político de las acciones gubernamentales. Siempre existe el riesgo de que el gobierno caiga en la tentación de excederse en el gasto, generando presiones inflacionarias. Pero en este caso es sumamente difícil que esto ocurra, porque el gobierno está sometido a fuertes restricciones de parte del FMI. El margen de acción gubernamental para salirse del carril es sumamente estrecho.

n Tampoco tiene el gobierno flexibilidad para disponer de recursos externos adicionales, puesto que las presiones de los donantes sobre gobernabilidad y transparencia imponen una estrecha fiscalización sobre el uso de recursos. Aún en el caso de que Nicaragua ingresara al punto de decisión de la HIPC antes de finales de ano, esto no tendría ningún impacto práctico en los procesos electorales.

n Por el contrario, uno de los mayores problema políticos para el gobierno es la tendencia económica recesiva que está afectando con severidad al campo, la agroindustria, e incluso sectores del comercio.

n Desde el punto de vista político, el PLC goza de una ventajas práctica: cuenta con una maquinaria nacional con directivas y candidatos en todos los municipios, aunque montada sobre un tinglado de prebendas. Empezó su campana con bastante anticipación y el Presidente de la República está dedicado tiempo completo a hacer campana municipal.

n Sus principales debilidades, sin embargo, se derivan de su problema de credibilidad: las expectativas no cumplidas a la población. la obra material del gobierno liberal resulta opacada por el estilo presidencial caudillista y autoritario del Presidente. Las disensiones internas, los casos de Eddy Gomez en Managua y José Antonio Alvarado a nivel nacional, y el desgaste infringido al partido por el caso de Byron Jerez, se suman al desprestigio causado por el pacto. Pero la incógnita más importante aún sigue sin despejarse: ¿se distanciará finalmente la Iglesia Católica del partido liberal?

 

3. Ortega y el Frente Sandinista

Para el Frente Sandinista y Daniel Ortega, en particular, el panorama de las elecciones municipales no es muy distinto que lo que ocurre con Alemán. Ortega necesita ganar las elecciones para reanimar a su partido y demostrar que los costos políticos del pacto han sido compensados. Pero sobre todo necesita ganar, para reafirmar su liderazgo personal en la elección presidencial. Una derrota electoral del FSLN, obteniendo un porcentaje por debajo del 36% obtenido en 1996, perdiendo algunas de sus plazas tradicionales, León, Estelí, Jinotepe, Ocotal, pondría en entredicho la candidatura presidencial de Ortega en las elecciones del 2,001.

n Consumado el pacto con el PLC, y a pesar del desgaste y alto costo político que ha significado para el FSLN, Ortega está ahora en una posición bastante cómoda para dar un nuevo bandazo y retomar el discurso radical. Distanciarse del gobierno y empezar a hacer oposición en los temas sociales, económicos y de corrupción, es un componente central de su estrategia electoral

n A pesar de que existe un movimiento antipacto en el FSLN – la “izquierda democrática”—que ha sido abiertamente confrontativa en contra de Ortega, en el terreno de las elecciones municipales la política de los disidentes del FSLN es apoyar a los candidatos oficiales del FSLN. Esta es una ventaja adicional para Ortega pues le permite mantener la cohesión interna.

n La debilidad principal del FSLN es que la mayoría del sandinismo sigue siendo inorgánica y se encuentra dispersa. En tanto el partido se encuentra sumido en un círculo vicioso, enconchado en su propio aparato partidario. De ahí que la mayoría de los candidatos sandinistas reflejan las demandas del aparato y no de la sociedad. El caso de Herty Lewites en Managua es una excepción importante, y por ello representa la principal carta electoral del FSLN.

 

4. La desventaja de la tercera fuerza

A pesar de su potencial político reflejado en la mayoría del electorado que no está inscrito en el bloque PLC-FSLN, los proyectos de tercera fuerza concurren en una situación desventajosa a las elecciones municipales.

La dispersión inicial entre el partido conservador y el MDN, los obstáculos perversos impuestas por la nueva ley electoral para dificultar la conformación de una alianza, y la crisis de la alianza MDN, han colocado en una encrucijada contra el tiempo a la tercera fuerza.

n A primera vista, el partido conservador pareciera ser el beneficiario natural de esta situación. Cuenta con abundantes recursos económicos, pero su capacidad de atracción sigue siendo limitada. Aparte de la apuesta por la candidatura de Pedro Solórzano en Managua, que está amenazada por el pacto, los conservadores están obligados a ensenar una estrategia convincente a nivel nacional para las elecciones municipales.

n Entre tanto, el bloque original de la alianza MDN aparece escindido entre dos proyectos. El del general Joaquín Cuadra que propone crear un nuevo partido político, dedicado exclusivamente a construir una candidatura presidencial, y el MRS que, con el apoyo de otros partidos, anunció que concurrirá a las elecciones municipales, con Dora María. Téllez como candidata a la Alcaldía de Managua. Ambas propuestas entranan riesgos considerables: para el MRS recolectar las firmas contra el tiempo, sin recursos y con el Consejo Supremo Electoral manipulando la Ley en contra; para el movimiento de Cuadra, fundar un nuevo partido político, demanda mucho más que la presencia de un líder nacional.

n No está suficientemente claro aún, si las estrategias separadas en el esfuerzo por construir una Tercera Vía, implican una especie de división del trabajo. De todas formas, el déficit compartido del proyecto de tercera fuerza continúa siendo la carencia de una plataforma programática, que trascienda el discurso antipacto.

n Un tercer polo, al que se le ha prestado poca atención, es el evangélico, por ahora escindido entre el Movimiento de Unidad Cristiana y Camino Cristiano. La fuerza evangélica representa un aliado natural para fortalecer la tercera fuerza, pero también es un candidato a ser seducido por liberales y sandinistas.

n Es todavía prematuro y no existe información confiable que permita pronosticar los resultados electorales municipales. Lo único que se puede afirmar con certeza es que liberales y sandinistas arrancan con una ventaja considerable. Según la encuesta de CID Gallup de abril, las preferencias políticas municipales favorecen al PLC (21%) y al FSLN (17%), seguidos del partido Conservador (7%) y MDN (6%, antes de la ruptura de esta alianza.

n El otro factor que afectará directamente los resultados de la elección es el peligro de la abstención. La Consulta más reciente efectuada por Etica y Transparencia entre mas de 90,000 personas en 120 municipios, indica que existen altos niveles de desconfianza en el Consejo Supremo Electoral. Mas importante aún, el 56.6% dice que sí votará en noviembre, el 22% responde no y el 21.4% no sabe. Estos porcentajes resultan consistentes con la encuesta CID GALLUP realizada en abril, en la cual 53% aseguro que votará en las municipales, 26% dijo no y 21% no sabe.

n Aunque todavía no se trata de una tendencia irreversible, preocupa que pueda ocurrir una mayor abstención que en elecciones anteriores. Y si se produce la inhibición en contra de Pedro Solórzano, sin duda se incrementará el descrédito nacional e internacional del Consejo Supremo Electoral, y por tanto la desconfianza. La abstención, lógicamente, beneficiaría a los partidos que tienen mas capacidad para mover a sus votantes cautivos, PLC, FSLN. Pero también rompería de forma definitiva el vínculo entre los resultados de las elecciones municipales y las nacionales del 2,001.