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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 4 / No. 194 / Del 4 al 10 de junio de 2000
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Josefina Ramos, magistrada de la CSJ:

"No tengo por qué explicar quién soy"

Helena Ramos


JOSEFINA RAMOS

La doctora Josefina Ramos Mendoza, magistrada de la Corte Suprema de Justicia y presidenta de la Sala Constitucional de ésta, es alta, imponente sin insolencia, elegante sin ostentación. Es una de las figuras controversiales de la CSJ, porque existen apreciaciones antagónicas de sus preferencias políticas. Para unos, es prosandinista, para otros es liberal, y ella misma, naturalmente, asevera que sólo actúa apegada al Derecho.

Pese a que una mujer abogada ya no es un fenómeno excepcional, son pocas las que llegan a las cimas. En la CSJ sólo hay tres, y la Dra. Ramos es, quizá, la de mayor visibilidad pública. Su participación fue muy importante para poner en vigencia el Código de la Niñez y la Adolescencia, labor que fue realizada, según ella dice, “casi con las uñas”.

Su interés por la problemática infantil data desde los 80, cuando trabajaba en Bienestar Social y soñaba con centros de rehabilitación para niños transgresores de la Ley, como aquel que aparece descrito en “El poema pedagógico” de Antón Makárenko. Dice que desde entonces, no ha dejado de soñar, pero se hizo más realista en sus planteamientos.

Es managua autóctona: nació en el barrio Bóer y creció en el Santo Domingo. Nicaragüense de toda la vida, no lleva del todo sangre nica: su padre es español y su madre, hondureña.

Ahora está de moda afirmar que la década sandinista ha sido una “década perdida” para Nicaragua. ¿Qué opina?

Creo que no hay tal “década perdida”. Si queremos ser objetivos desde el punto de vista jurídico, en la época del somocismo se promulgaron muy buenas leyes, pero las conocían únicamente los abogados.

En la década de los 80 el pueblo se acercó a las leyes y ahora todo el mundo habla de la Ley, de la Constitución y de los derechos. He visto que en los últimos veinte años la gente se ha apropiado de la Ley, antes sólo sabían del Código del Trabajo, y eso con mucho miedo.

Hoy la gente dice: la justicia no sirve, no se me hace justicia, hay una retardación de justicia, etc. Antes, ¿quién hablaba de la justicia en este país? No, para mí aquélla no fue una “década perdida”.

Para usted, ¿cuáles fueron las equivocaciones más profundas que el Gobierno sandinista cometió?

A mi juicio, el gran error de la revolución fue no haber cambiado el Código Civil y el Código Penal, porque ésos son los monumentos que estructuran al Estado y al país. Pero como todo pasaba por la guerra, no prestaron la debida atención al Derecho. La Constitución se hizo a contrapelo de muchos, más por compromiso internacional que por verdadera vocación estadista, y fue considerada como una “camisa de fuerza” para la revolución.

Actualmente la gente ya sabe que existe injusticia, quieren justicia, exigen justicia, pero el sistema judicial no responde a sus expectativas. ¿Por qué cree que el Poder Judicial sale tan mal parado en las encuestas?

Nicaragua tiene un atraso jurídico de por lo menos quince años frente a otros países. Los procedimientos siguen siendo los mismos que cuando había 20 juicios. Evidentemente, con los procedimientos que tenemos, no hay posibilidad de resolver los casos con agilidad.

Pero la gente no sólo se queja de la retardación de justicia, sino de que las simpatías políticas de los jueces inciden sus sentencias. ¿Cómo podría ser contrarrestado este criterio, compartido por muchísimas personas?

Eso se logra con una comunicación amplia con la población, que apenas empieza a ser practicada por parte del Poder Judicial. Los Poderes Judiciales en el mundo son poderes intramuros, no se comunican con la población, y en este país la comunicación es absolutamente necesaria.

Además, los jueces no son los únicos que intervienen en el proceso, interviene la Policía Nacional, el Sistema Penitenciario, los abogados, la Procuraduría, la Defensoría Pública, la Fiscalía... También está el problema de fondo: si uno tiene plata para aportar las pruebas y llevar a sus testigos para que demuestren que él es inocente y la otra persona no tiene dinero para hacerlo, ¿cómo no va haber un desbalance en la balanza de la justicia?

Precisamente eso dice la gente: hay justicia justa sólo para los ricos.

Si tenemos una Fiscalía eficiente que acuse con pruebas científicas y la Defensoría Pública que garantice que el acusado tenga un debido proceso, la balanza se equilibra. Pero ¿cuándo entraron estas figuras al proceso nicaragüense? La Defensoría Publica no tiene ni seis meses, la Fiscalía la acaban de aprobar... Desde hace treinta y dos años estoy oyendo que el sistema penal nicaragüense está colapsado, pero seguimos en las mismas.

Pero ¿por qué siguen con el mismo modelo, si es tan ineficaz?

Pregúntele a los que están legislando: al Congreso de antes del 79, a la Asamblea y al Consejo de Estado de los años 80 y a la Asamblea Nacional de los años 90.

En Nicaragua ocurre que si una persona de buena posición económica va a la cárcel, luego siempre se descubre que es diabética, cardíaca, artrítica, psicótica, y termina saliendo por motivos de salud. En cambio, los reos pobres siguen tras las rejas aun cuando están muy graves. ¿No es esto una inequidad total?

Tiene toda la razón, pero en este caso la Policía debería de exigir que desde la captura esté presente un abogado para el acusado y si no tiene capacidad de pagarlo, que esté uno de oficio.

¿Eso evitaría que los ricos salgan por estar supuestamente enfermos?

Mmm... Contribuiría a que los verdaderos enfermos no vayan presos.

La sentencia sobre la capitalización del BANIC nuevamente despertó suspicacias respecto a la imparcialidad de la Corte. ¿Qué ocurrió?

Es una sentencia aclaratoria, porque la anterior estaba basada en un artículo derogado de la Ley Orgánica de la Contraloría General.

¿Cómo pudo haber pasado algo así en la CSJ?

Fue un error. En Nicaragua no tenemos una legislación concordada, no se ha hecho una depuración legislativa. Por eso es muy fácil cometer errores de esta clase, aun en la Corte Suprema.

El artículo derogado sólo le concedía a la Contraloría el derecho de hacer un informe, si en el procedimiento había algo que consideraban incorrecto, y presentarlo en el plazo de 15 días. La nueva ley le permitía controlar todo el proceso. La Contraloría lo fiscalizó todo, firmó el acta de subasta y hasta 45 días después encontró vicios en el procedimiento de licitación. Con o sin el artículo derogado, la sentencia es válida.

¿Cuáles fueron sus actividades profesionales en los 90?

Angela Rosa Acevedo, Milú Vargas y yo fundamos el Centro de Estudios Constitucionales. Estábamos entusiasmadas con la formación jurídica de las mujeres. Luego fui electa como magistrada de la Corte Suprema de Justicia, cargo que actualmente desempeño.

Nicaragua es un país relativamente pequeño y muy politizado; nadie escapa de ser definido en términos partidistas: el fulano es liberal, el zutano, sandinista, el perencejo, conservador... Para muchos liberales, Josefina Ramos es sandinista, y para El Frente, una tránsfuga que se pasó al bando liberal. ¿Qué opinión le merece este “posicionamiento”?

Las sentencias hablan por mí. Lo que he firmado, lo he firmado como Josefina Ramos Mendoza, mi ideología está plasmada en esas sentencias, cada cual puede leerlas como quiera. Yo tengo absolutamente claro qué soy, no milito en ningún partido político, en 1993 dije que no lo volvería a hacer.

¿Por que precisamente en 1993?

Porque yo viví en un mundo distinto al de la calle, la Asamblea fue como una cápsula de protección, pero luego comencé a darme cuenta de las cosas que ocurrían afuera. El tema que escindió mi vida con el partido en el cual milité con el mayor orgullo, fue aquel que aún sigue vigente... Cuando se trabajaron las leyes 85, 86 y 88, las trabajé creyendo realmente que iban beneficiar a las mayorías, pero sucedió otra cosa.

Yo tengo un pensamiento sandinista, totalmente sandinista, pero no tengo por qué explicar quién soy a lo que es el sandinismo ahora, a esos que manejan los sellos para definir quién es o no es sandinista.

Tres sentencias difíciles
y relaciones personales


¿Considera que la CSJ es apolítica?

Los magistrados tenemos un componente cultural que está influido por todo lo que nos rodea, lo cual es parte de la ideología que uno tiene a la hora de emitir un fallo. La justicia constitucional es eminentemente política, hay una serie de consideraciones de carácter político que se deben hacer, pero no son de orden partidario.

Yo no puedo leer una norma a la mitad, tengo que leerla entera, ubicarla dentro de un contexto, aunque hay personas a quienes les disgusta que la lea entera. En los años que tengo de ser magistrada ha habido tres sentencias que me ha dolido haberlas firmado. La primera es la de los loterieros, que no presentaron un poder especial para que los representaran adecuadamente. Por eso su amparo frente a doña Lucía Salvo, que era Gerente de la Lotería Nacional, fue declarado sin lugar. No puedo decir si doña Lucía ha actuado bien o mal, ni siquiera conocimos el fondo de ese recurso porque lo desechamos por asuntos de forma. Quizás si hubiera sido otro momento, hubiéramos tenido más flexibilidad para leer la ley, pero fue desechada.

La segunda sentencia que me dolió mucho fue la del 7 de enero de 1997, que declaró nulo todo lo actuado por la Asamblea Nacional en un determinado período. Hay algunos que dicen que sólo tres magistrados tenían razón y el resto estábamos equivocados, pero yo partí de la norma constitucional que dice: “No tendrán valor alguno las leyes, tratados, órdenes y disposiciones que alteren y depongan la norma constitucional”.

Si vos aceptás que una Asamblea Nacional —aunque sea la de tu preferencia— atropelle la norma constitucional, después no le podés pedir a ningún otro Poder del Estado que no la atropelle. Firmé esta sentencia con mucho dolor en términos afectivos y la volvería a firmar.

Yo no creo ser una persona purísima e impoluta, pero sí justa. A mí no se me pasa la ideología en la cama, hay hombres a quienes sí se les pasa. Yo amo a las personas, creo en las personas o dejo de creer en ellas, pero no discuto con ellas mis pensamientos ni mucho menos mi trabajo. Las únicas personas con quienes discuto cosas de trabajo son mis colegas de la Corte.

¿Cuál es la tercera sentencia que lamenta haber tenido que firmar?

A esta sentencia yo quisiera dejarla... Me demostró que una institución del Estado actuaba de una forma anómala y utilizando criterios de beneficios políticos. Hay un famoso auto de prisión por unos caballos... Se pensó que el Poder Judicial estaba atentando contra esta institución, la cual goza de mucho prestigio. Sin embargo, lo que vi en el expediente no me demostró nunca que había razones para imponer alguna sanción.

Ahora tendrán otra situación complicada con la avalancha de recursos de amparo contra la reforma del Sistema de Pensiones, efectuada por el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social. No pretendo que me adelante nada sobre su criterio, ya que sería ilegal, pero ¿cómo ve las perspectivas de esa sentencia en la Corte?

Eso es algo que tiene que ser firmado por once personas de un total de dieciséis. Se puede imaginar que será algo difícil que nos pongamos de acuerdo. Habrá algunos que estén de acuerdo con la sentencia, otros estarán en desacuerdo, y otros dirán que es una sentencia gallo-gallina.

Seguro que habrá tantas polémicas alrededor de esto, pero yo voy a decir algo: yo creo en Nicaragua, esto es algo que me motiva para estar ahí, ésa es mi ideología, yo creo en este país.

¿Sus relaciones personales nunca han afectado su labor?

No me gusta tocar este tema.

De todos modos la gente habla, ¿no cree que es preferible que la persona involucrada manifieste su criterio?

Sí, tiene razón... Mire, se me ha criticado muy acremente por una relación con un liberal. Fue una relación renovada, que existió cuando yo era muy joven y que intentamos repetir treinta años después. Yo no le pedí carné, ni le pregunté de qué partido era, ni él me lo preguntó a mí. Cuando nos conocimos no sabíamos de qué partido éramos.

Evidentemente pagué un costo alto por esta relación por los dos lados. Cuando dicen que soy liberal, los liberales deben molestarse porque nunca he militado en ese partido. Mi relación con el Presidente es una relación de afecto, nos conocemos desde chavalos, mi papá era el sastre de su papá, he conocido a los Alemán de toda mi vida, pero es una relación de amigos, no es ideológica. El Presidente puede tener todos los errores y fallas, yo lo conozco, él me conoce, pero hasta ahí no más. La ideología tampoco se pasa a través de la amistad, lo único que se transmite por contacto son algunas enfermedades.

¿Nunca se vio forzada escoger entre su carrera profesional y la relación de pareja?

No, a mí personalmente no me ha sucedido nunca, es que no acepto una relación desigual, no la puedo aceptar, la puedo tolerar algún tiempo, pero al final no aguanto.

Pero a muchos hombres les cuesta tener una relación realmente equitativa, están acostumbrados a que las mujeres los entendamos, pero no tienen el hábito de entendernos. ¿Qué tan difícil es encontrar a alguien capaz de compartir en igualdad?

Yo estoy segura de que lo voy a encontrar, ya una vez lo hallé, es el padre de mi hija, que ha sido muy respetuoso de mis decisiones. Ocurrió que yo tomé la opción de quedarme en este país y él quiso volver al suyo, lo aceptamos mutuamente, él es excelente.

Realmente es difícil establecer este tipo de relación, sobre todo cuando ya somos mayores. Es difícil para ambos sexos, tanto hombres como mujeres. Yo me siento bien de ser mujer.

¿Le tiene miedo a algo?

Yo sí tengo miedo a un minúsculo animal, me da pena decirlo... (hace un gesto indicando que se trata de un ratón).

Si tuviera a su disposición al genio de la botella y pudiera pedirle un único deseo, ¿cuál sería?

(Sin reflexionar ni un par de segundos) Un mundo más justo.

Una abogada en la familia

¿Cómo se produjo su caso un tanto singular de “triple origen”?

Mi padre era anarquista y salió de España a causa de la guerra civil. En 1940 había llegado de Francia a Honduras, con la idea de pasar a los Estados Unidos para trabajar allí como sastre. Se enfermó de paludismo y disentería, estuvo como tres años internado en un hospital de La Ceiba, luego viajó al interior del país, en Tegucigalpa conoció a mi mamá, se enamoraron y se casaron. Mi papá no quiso vivir en Honduras, porque mi mamá pertenecía a una familia de mucho prestigio y poder económico, y, obviamente, él no formaba parte de este círculo. Se estableció en Nicaragua y fue muy bien acogido. Somos cuatros hermanas.

¿Por qué eligió usted, precisamente, la carrera judicial?

Pienso que esto tuvo que ver con que mis padres no eran nicaragüenses, y mi papá consideró que era importante tener en la familia a alguien que fuera abogada y los defendiera...Yo siempre escuchaba que debía ser abogada y me pareció natural. Me gustaba declamar, hablar, convencer...

Cuando ingresó a la universidad, ¿ya había bastantes abogadas mujeres?

No, no había muchas. Yo entré a estudiar Derecho en 1965, y éramos mucho menos que los hombres.

En aquel entonces, a algunas mujeres universitarias los profesores les decían que sólo ingresaban a la universidad para encontrar marido. ¿Tuvo que enfrentarse a este criterio desfavorable sobre las mujeres juristas?

A mí me dijeron algo peor cuando terminé la carrera. Un abogado, muy prestigioso, me dijo que las únicas que debían estudiar Derecho eran las hijas de los abogados y de los empresarios, y que cómo se me había ocurrido estudiar Derecho siendo hija de un sastre.

Después del terremoto no pude hacer un posgrado en Derecho Fiscal y Administrativo que me había ofrecido el Gobierno español, porque tenía que hacerme cargo de mi familia. Nunca pensé que esto fuera un sacrificio. Me he casado dos veces, he sido padre y madre de mis hijas, y, evidentemente, tuve que optar por quedarme en el país y seguir trabajando en la Embajada de España en Nicaragua, hasta que triunfó la revolución, que me dio la oportunidad de ser abogada.

¿Estaba usted vinculada con el FSLN antes de 1979?

Yo estudié en el Ramírez Goyena, ingresé al bachillerato en 1960, mi compañero de aula en todo el período de bachillerato fue Julio Buitrago Urroz, y realmente no me gusta hablar de esa etapa... Yo me desvinculé en 1969... No me gusta hablar de esa etapa.

¿Por qué?

Porque... para qué... no me gusta hablar de por qué.

¿Y cómo se desarrolló su trayectoria a partir de 1979?

Primero trabajé en Bienestar Social como asesora jurídica, luego me nombraron Directora del Centro Tutelar de Menores, después regresé a Bienestar Social. Posteriormente decidí a volver a ser abogada, pero no soy litigante, no me gusta el Derecho Penal, no he tenido nunca un caso civil o penal en toda mi vida.

En ese tiempo necesitaban a alguien que se desempeñara como asesora en la Comisión del Exterior en el Consejo de Estado. Como mi experiencia anterior era haber trabajado en una embajada extranjera, me dieron el puesto, y tuve el privilegio de trabajar con Carlos Núñez.

Muchas personas me han dicho que él fue el líder más democrático entre los nueve comandantes.

Era un hombre extraordinario, bajo su dirección yo aprendí a hablar con toda libertad. Mientras afuera todos tenían que hablar el mismo lenguaje, en la Asamblea teníamos el derecho de hablar cómo queríamos. No quiero decir que no se tomaban las decisiones que se tomaban, Carlos Núñez no se movía de lo que la Dirección Nacional le autorizaba, su margen de decisión propia también era limitado, pero teníamos la posibilidad de hablar y de aprender que los que no eran del Frente Sandinista, no eran enemigos, sino adversarios políticos. Fue la mejor escuela que he tenido en mi vida, me quitó muchas rigideces e intolerancias.