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SEMANARIO DE INFORMACION Y ANALISIS
AÑO 4 / No. 194 / Del 4 al 10 de junio de 2000
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Columnista Invitado

¿Un triunfo antiimperialista
de Fujimori?

Mirko Lauer*

Empate o posposición, según quiera verse: Washington no logró que Alberto Fujimori sea declarado un peligro para la democracia hemisférica (Resolución Nº1080), pero el tema pasa a la reunión de cancilleres de la OEA el próximo martes. Lo más probable es que todo se resuelva en censuras, no sanciones, y que la OEA nombre una comisión investigadora.

Los gobiernos latinoamericanos reconocen que la elección peruana no ha sido libre ni justa, pero no les parece argumento suficiente como para permitir lo que consideran una ampliación de la presencia de Washington en la política de sus países. En casos como Brasil, México y Venezuela acaso haya también un deseo de curarse en salud.

Algunos sugieren que también para Washington la reculada podría ser un alivio. Según Los Angeles Times “Fujimori sabe que la actual inestabilidad de las repúblicas andinas dificulta a los Estados Unidos recortar la ayuda regional, incluida la asistencia militar a Perú”. Además, los voceros fujimoristas consideran banales los niveles de ese tipo de ayuda a Perú.

Kenneth R. Maxwell, latinoamericanista del Council on Foreign Relations, llama la atención sobre el “conflicto entre dos líneas de política exterior frente a América Latina: el apoyo a la democracia vs. el apoyo a la lucha contra el narcotráfico”. Su cálculo es que a la postre Washington se inclinará por lo segundo.

¿Es posible que el coro de ásperas críticas del exterior a un proceso electoral fraudulento termine transmutándose en una victoria política internacional para Fujimori? Si sale de la próxima asamblea de la OEA con magulladuras menores (que equivalen a un triunfo), es inevitable que sea visto como el vencedor de una confrontación con el Goliat norteamericano.

Pero el otro lado de esa lustrosa moneda es que los Estados Unidos suelen llevar adelante su política externa con obstinación. Si en Beijing, La Habana o México, Fujimori es un paladín de la no intervención, en Washington va a seguir representando un peligro para la democracia regional y un cliente necesitado de respaldo financiero.

En cualquier caso, el forcejeo entre Fujimori y la presión internacional va a ser largo, y no necesariamente el escenario central de su naciente inestabilidad. Aun sin sanciones, el gobierno enfrenta la encrucijada de si hacer algunas efectivas concesiones a una oposición-protesta que va a crecer, o avanzar hacia nuevas victorias antiimperialistas.

Lo dicho sobre el régimen fujimorista en estas semanas es el tipo de denuncia universal que un gobernante democrático suele tomar en serio. Pero quizás Fujimori tiene otros planes que recuperar la simpatía del hemisferio norte occidental. Ahora puede tentar el liderazgo de las nuevas “democracias autoritarias” que no tardarán en perfilarse en el continente.

* Tomado del diario La República, de Perú.

LA CORRUPCION
DE LA PALABRA
Andrés Pérez B.

¿UN TRIUNFO ANTIIMPERIALISTA DE FUJIMORI?
Mirko Lauer