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Columnista
Invitado
¿Un
triunfo antiimperialista
de Fujimori?
Mirko
Lauer*
Empate
o posposición, según quiera verse: Washington no logró que Alberto Fujimori
sea declarado un peligro para la democracia hemisférica (Resolución Nº1080),
pero el tema pasa a la reunión de cancilleres de la OEA el próximo martes.
Lo más probable es que todo se resuelva en censuras, no sanciones, y que
la OEA nombre una comisión investigadora.
Los gobiernos latinoamericanos reconocen que la elección peruana no ha
sido libre ni justa, pero no les parece argumento suficiente como para
permitir lo que consideran una ampliación de la presencia de Washington
en la política de sus países. En casos como Brasil, México y Venezuela
acaso haya también un deseo de curarse en salud.
Algunos sugieren que también para Washington la reculada podría ser un
alivio. Según Los Angeles Times “Fujimori sabe que la actual inestabilidad
de las repúblicas andinas dificulta a los Estados Unidos recortar la ayuda
regional, incluida la asistencia militar a Perú”. Además, los voceros
fujimoristas consideran banales los niveles de ese tipo de ayuda a Perú.
Kenneth R. Maxwell, latinoamericanista del Council on Foreign Relations,
llama la atención sobre el “conflicto entre dos líneas de política exterior
frente a América Latina: el apoyo a la democracia vs. el apoyo a la lucha
contra el narcotráfico”. Su cálculo es que a la postre Washington se inclinará
por lo segundo.
¿Es posible que el coro de ásperas críticas del exterior a un proceso
electoral fraudulento termine transmutándose en una victoria política
internacional para Fujimori? Si sale de la próxima asamblea de la OEA
con magulladuras menores (que equivalen a un triunfo), es inevitable que
sea visto como el vencedor de una confrontación con el Goliat norteamericano.
Pero el otro lado de esa lustrosa moneda es que los Estados Unidos suelen
llevar adelante su política externa con obstinación. Si en Beijing, La
Habana o México, Fujimori es un paladín de la no intervención, en Washington
va a seguir representando un peligro para la democracia regional y un
cliente necesitado de respaldo financiero.
En cualquier caso, el forcejeo entre Fujimori y la presión internacional
va a ser largo, y no necesariamente el escenario central de su naciente
inestabilidad. Aun sin sanciones, el gobierno enfrenta la encrucijada
de si hacer algunas efectivas concesiones a una oposición-protesta que
va a crecer, o avanzar hacia nuevas victorias antiimperialistas.
Lo dicho sobre el régimen fujimorista en estas semanas es el tipo de denuncia
universal que un gobernante democrático suele tomar en serio. Pero quizás
Fujimori tiene otros planes que recuperar la simpatía del hemisferio norte
occidental. Ahora puede tentar el liderazgo de las nuevas “democracias
autoritarias” que no tardarán en perfilarse en el continente.
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Tomado del diario La República, de Perú.
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