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Mayra Gutiérrez, 29 años, campesina de Nueva Segovia

Historia de una mujer valiente

Elsbeth Horbaty (*)

Mayra Gutiérrez junto a sus hijos

Dipilto, Nueva Segovia.-  En la carretera de Ocotal hacia Las Manos todo es piedra, inundación, destrucción y construcción. En este valle donde la carretera serpentea junto al Río Coco, el despale, el huracán "Mitch" y las empresas constructoras han dejado sus huellas en tono café. En una curva justo antes de llegar a Dipilto, el tono del horizonte cambia a un verde sorprendente. Colinas y montañas llenos de pinos hacen recordar los Alpes.

Al hablar con los habitantes, también se nota un parecido entre la gente de estos dos lugares, acostumbrados a vivir con una naturaleza brava e impredecible, en especial las mujeres: Fuertes, capaces de soportar la furia de huracanes, la tempestad de la pobreza  y la violencia de los hombres. Mayra Gutiérrez es una de ellas.

Está estrenando casa nueva, beneficiada por organismos no gubernamentales que le han ayudado cuando todo parecía perdido. También está estrenando niña. La hija de una vecina era demasiado joven para tener la bebé que le había nacido. Mayra Gutiérrez, madre de tres varones "y operada para no tener que seguir buscando la mujercita", aceptó hacerse cargo de la niña de dos meses.

Su estatura delgada y su parloteo alegre parecieran burlarse de la historia que cuenta. Madre soltera, abandonada por sus compañeros de la cooperativa, buscó trabajo con organizaciones de mujeres hasta que el huracán "Mitch" deslavó también su esperanza por tener un vivero de plantas de café. Igual que un manantial fresco de estas montañas, brincando sobre piedras gruesas en el camino, Mayra Gutiérrez relata la historia de valentía de muchas mujeres de Nicaragua.

"En el tiempo del Frente Sandinista teníamos una cooperativa. Era de varones y estabamos incluidas tres mujeres. Allí yo trabajé duro. Usted sabe que los hombres a uno no le tienen consideración. Primeramente yo abonaba,  caseaba café, estuve chapeando . La otra mujer, como estaba viejita, era cocinera y la otra trabajaba conmigo, éramos tres mujeres. ¿Qué pasó?

"El tuerce de uno, como uno es mujer, vaya, yo salí embarazada del señor que era el coordinador. El me molestó y salí embarazada. Así pasó, pues, y me corrieron de la Cooperativa. Yo les di el lomo y ellos no me dieron nada, ni tierra, ni casa, nada. Me dijeron que las mujeres sólo sirven para dormir. Me sentí mal y resentida porque no lo hubieron hecho como hombres que son y como hijos de madres que son. Porque es cierto, son hijos de madre y lo que hacen a otra mujer es como si se lo hacen a su madre, pero ellos no comprenden".

"Entonces me dije: les voy a demostrar y me dediqué a trabajar en organismos, porque me gusta trabajar. Trabajé en el comedor infantil varios años y di clases un año. Y mire, el Señor no me ha desamparado, porque estoy ahora en mi casa nueva. Ahora sigo sin tierra, pero voy a buscar una manera como trabajar en un proyecto de gallinas o de cerdos para siquiera dar el estudio a mis hijos."

"Mi mamá fue pobre también y nos crió sola porque --como le dije-- aquí los hombres sólo le ponen la barriga a una y la dejan. Y allí le toca a una hacer todo sola. Así le pasó a mi mamá, pero nos puso a estudiar. Entonces, yo me digo: si mis hijos el día de mañana no saben leer, que me van a decir a mí. Entonces, aunque sea con dificultades, pero los pongo a estudiar."

"Ahorita no me puedo ir a trabajar a otro lado, porque estamos comprometidos aquí. Yo estoy en el comité de construcción de vivienda. Aunque yo ya tengo mi casa pero si yo como beneficiada no apoyo ahora a los otros, este proyecto no funciona."

"La noche del huracán fue terrible. Yo perdí la casa, saqué una ropa de mis hijos, pero todos quedamos con vida. También perdí un vivero de café que teníamos en frente de la casa. Mil palitos de café se me llevó la corriente. Los había comprado con préstamos que hasta la vez debo todavía la mitad".

"Al siguiente día seguía lloviendo, y se estaba llevando el comedor infantil. Para mí fue tristeza porque había sido la coordinadora del comedor infantil y me dieron ganas de llorar, viendo como el comedor se lo estaba llevando la corriente. Yo le tenía amor a ese comedor y a los niños."

"Fue duro para nosotros y más para los niños, a veces sufrían de hambre, sin ropa, sin nada y una sin esperanzas porque todos somos pobres en esta comunidad. Porque quien le va a dar a uno, si todos somos pobres por iguales. Pero Dios es grande e iluminó a gente de otros países para que nos mandaran ayuda."

"Ahora me siento bien con esta casa que me dieron. Con sacrificio, pero estamos bien. Hemos trabajado a veces en hambre para seguir construyéndolas. Pero seguimos trabajando hombro a hombro con la gente, porque tuvimos un 50 por ciento de trabajadores voluntarios del pueblo que venían a ayudarnos sin ningún sueldo, solo por la comida. Sin ellos, como madre soltera que soy, no hubiese podido hacer esta casa. Esto ha sido la mejor ayuda que tuvimos de parte de toda la comunidad.  Esto es un logro para nosotros, es todo un éxito."

"Pienso ahora seguir trabajando y buscarle paso para la vida, como dicen. Buscar como trabajar en el proyecto y en la casa y así ayudar a mis hijos. Me siento por una parte cansada, porque se agota una, va, de tanto trabajar, pero si ya estamos allí, ¿para dónde vamos a agarrar? Tenemos que seguir luchando. Yo me podría ir a Managua y conseguir trabajo allá, pero mis hijos aquí, eso no es bueno. Como nicaragüense que soy tengo que acostumbrarme a vivir de esta manera, porque ni modo, que le vamos hacer."

(*) Periodista suiza. Escribe sobre Nicaragua y América Latina desde hace dos décadas.